Comentario del evangelio del Domingo: El día del bautismo fuimos elegidos, capacitados y enviados para una misión que es participación en la misión redentora de Jesucristo / Por P. José María Prats

Escrito por Redacción. Publicado en Meditaciones del P. José María Prats.

“Para nosotros, la importancia del Bautismo del Señor radica sobre todo en que el Espíritu que Jesús recibió en el Jordán, lo derramó después de su resurrección sobre sus discípulos el día de Pentecostés, y sigue derramándolo sobre la humanidad a través, sobre todo, de los sacramentos del bautismo y la confirmación. El día en que fuimos bautizados se rasgó para nosotros el cielo y descendió sobre nosotros el Espíritu Santo, el cual nos introdujo en la comunión del Dios Uno y Trino. Fuimos hechos cristos, es decir, ungidos por el Espíritu”

El Bautismo del Señor – Ciclo B:

Isaías 42,1-4.6-7 / Salmo 28 / Hechos 10, 34-38 / Marcos 1, 7-11

7 de enero de 2018.-  (P. José María Prats / Camino CatólicoLa fiesta del Bautismo del Señor, con la que concluimos el tiempo de Navidad, tiene una gran importancia teológica que se ha manifestado a lo largo de la historia sobre todo en la liturgia de las Iglesias de Oriente. En ella celebramos el momento en que el Espíritu Santo, al descender sobre Jesús, viene a habitar en la naturaleza humana.

El evangelio nos muestra el alcance de este hecho cuando dice que Jesús, «apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma.» El cielo cerrado representa la ausencia de comunión entre Dios y el ser humano como consecuencia del pecado. El Espíritu Santo es el vínculo de amor entre el Padre y el Hijo, y es también el vínculo por el que el ser humano participa en esta comunión. Por ello, con el descenso del Espíritu Santo sobre el Verbo encarnado, se ha restablecido la comunión entre Dios y el hombre: se ha rasgado el cielo, que desde ahora permanecerá abierto por toda la eternidad.

De hecho, Jesús es el Cristo por su bautismo en el Jordán. Cristo es una palabra griega que significa ungido, y ungido es aquél que ha sido elegido, capacitado y enviado para llevar a cabo una misión. Estos tres aspectos de la unción están muy presentes en las lecturas de hoy.

-      Elegido: En la profecía de Isaías, Dios llama a su siervo «mi elegido, a quien prefiero», y en el Jordán, la voz del cielo lo llama «mi Hijo amado, mi predilecto.» Dios tiene un proyecto de salvación para la humanidad y ha elegido a su Hijo amado para llevarlo a cabo.

-      Capacitado: La lectura de los Hechos de los Apóstoles dice que Jesús fue «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo», e Isaías, que Dios ha puesto su Espíritu sobre su siervo para que «traiga el derecho a las naciones». El Espíritu Santo es el poder que capacita a Jesús para llevar a cabo su misión. Los evangelios nos muestran claramente cómo Jesús lo hace todo movido por el Espíritu Santo: El Espíritu lo lleva al desierto para ser tentado por el diablo, le mueve a orar y a predicar, le da el poder para obrar milagros y expulsar demonios y lo sostiene en su sacrificio en la cruz (He 9,14).

-      Enviado: Isaías describe así la misión a la que Dios ha enviado a su siervo: «Te he llamado... para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas», y los Hechos la describen como un pasar «haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo».

Pero para nosotros, la importancia del Bautismo del Señor radica sobre todo en que el Espíritu que Jesús recibió en el Jordán, lo derramó después de su resurrección sobre sus discípulos el día de Pentecostés, y sigue derramándolo sobre la humanidad a través, sobre todo, de los sacramentos del bautismo y la confirmación.

El día en que fuimos bautizados se rasgó para nosotros el cielo y descendió sobre nosotros el Espíritu Santo, el cual nos introdujo en la comunión del Dios Uno y Trino. Fuimos hechos cristos, es decir, ungidos por el Espíritu, y como tales, fuimos elegidos, capacitados y enviados para llevar a cabo una misión que es participación en la misión redentora de Jesucristo, en cuyo Cuerpo –la Iglesia– hemos sido injertados.

Podemos ser muchas cosas: abogados, maestros, campesinos, comerciantes, albañiles, empresarios... La fiesta de hoy recuerda a los que hemos sido bautizados que por encima de todo somos cristos y que todo lo que hacemos sólo tiene sentido en la medida en que con ello llevamos a cabo la misión redentora para la que hemos sido elegidos, capacitados y enviados.

P. José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, predicaba Juan diciendo:

«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a Él.

Y se oyó una voz que venía de los cielos:

«Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

Marcos 1, 7-11

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