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Video completo de la Vigila de Oración del Papa Francisco en Fátima con bendición de velas y rezo del Rosario

«Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia… Hay que anteponer la misericordia al juicioy, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado»

12 de mayo de 2017.- (Radio Vaticano / Camino Católico)  Bendición de las velas y rosario del Papa Francisco en Fátima, una Vigilia de Oración para celebrar el centenario de las apariciones. Con más de trescientos mil fieles, con sus velas encendidas que brillan en la oscuridad de la noche portuguesa. Para ahuyentar la guerra y la desesperanza. Y para pedir a la Señora la bendición "sobre los desheredados", porque "Dios anteponer la misericordia al juicio".

Una noche de oración a María, la Virgen de Fátima, reina de la paz y de la esperanza. El Papa se vuelve a sentar ante la Señora y reza en silencio. Y en la enorme explanada, abarrotada de gente, se vuelve a hacer silencio interior y exterior. La gente acompaña al Papa en su oración, en medio de un recogimiento estremecedor.

Al fondo, brilla el rosario gigante. El Papa, vestido de blanco, da comienzo a la vigilia de oración, con cantos, rezos y antífonas cantadas. A continuación, el Papa bendice las velas, que se elevan en el cielo de Fátima, luego hace una meditación y se reza el rosario. En el video se visualiza y escucha toda la Vigilia de Oración traducida al español.

El Santo Padre Francisco aprovechó su meditación para alejar interpretaciones de la Virgen que no están en sintonía con el Evangelio. «Peregrinos con María... ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el “camino estrecho” de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora “inalcanzable” y por tanto inimitable? ¿La “Bienaventurada porque ha creído” siempre y en todo momento en la palabra divina, o más bien una “santita”, a la que se acude para conseguir gracias baratas? ¿La Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros?».  

Es evidente en esas palabras el llamado a no ceder a catastrofismos ni a visiones que presentan a la Virgen como si fuera «mejor» y «más misericordiosa» que Dios Padre y Cristo. «Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia». 

«Hay que anteponer la misericordia al juicio—recordó el Papa Bergoglio— y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz». Es por ello que «quedamos libres de nuestros pecados» y «dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado». No se trata, pues de una fe basada en el miedo, persiguiendo secretos y visiones, sino fundada en el Evangelio y en el amor.  

«Cada vez que miramos a María—continuó Francisco— volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes». Bergoglio deseó a todos los presentes que puedan ser, con María, «signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo». Para poder decir: «por culpa del orgullo de mi corazón, he vivido distraído siguiendo mis ambiciones e intereses, pero sin conseguir ocupar ningún trono. La única manera de ser exaltado es que tu Madre me tome en brazos, me cubra con su manto y me ponga junto a tu corazón».

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