Ximena Suárez, superviviente del accidente de avión del Chapecoense: “Sé que soy un milagro y le pregunto a Dios todos los días por qué, qué quiere que haga”

“Espiritualmente me he acercado más a Dios. Soy cristiana pero antes no era practicante. Ahora sí. También le doy más importancia a cosas que antes no valoraba tanto. Yo antes era muy fiestera, prefería salir antes que estar con mi familia. Ahora he cambiado las prioridades. La familia es primordial. Tras una experiencia como esta, una se da cuenta de quienes son los que importan y los que valen como amigos… Ahora valoro mucho más la vida”

10 de agosto de 2017.- (Camino Católico) Vestida para ejercitarse, Ximena Suárez, de 28 años, luce varias cicatrices alargadas y uniformes en un brazo y las pantorrillas. Son cortes netos, en su día profundos, recordatorios del accidente aéreo. Suárez, antes azafata y que ahora ha empezado una nueva vida como modelo, sobrevivió a la caída del avión que transportaba al equipo de fútbol brasileño Chapecoense en noviembre de 2016. La joven boliviana fue uno de los seis únicos supervivientes del accidente. Murieron 71 personas. El avión se quedó sin combustible a pocos kilómetros de la pista de aterrizaje de Medellín. Este lunes el Chapecoense ha sido invitado por el Barça para jugar el torneo de verano Joan Gamper. Buena ocasión para que Ximena Suárez, ya en la fase final de su recuperación psicológica, se atreva a contar cómo vivió la tragedia y cómo la está superando. Es el periodista David Dusster del diario La Vanguardia  quien mantiene una larga conversación con ella. La entrevista ha sido concertada en el gimnasio Megathlon de Santa Cruz de la Sierra, la capital financiera de Bolivia, de donde partió el avión siniestrado de la compañía de chárter LaMia. Se siente bien pero su expresión se tuerce cuando habla del accidente y, a ratos, le sobreviene una mirada asustada. Sintetizamos lo más importante de la entrevista y sobre todo lo relacionado con su testimonio de fe.

Ximena Suárez asegura que la pesadilla ha terminado y que se siente muy luchadora: “Hace poco tiempo que me levanto bien cada mañana. Antes no podía dormir. Me costó meses… He tenido que ser muy luchadora”

Considera que fue un milagro que se salvara:“Sí, me siento como un milagro y creo que la gente me ve así, se me acercan y me lo dicen, sois un milagro. Y le pregunto a Dios todos los días por qué, qué quiere que haga, por eso se me ha metido en la cabeza lo de escribir un libro, dar charlas y prepararme para que al menos mi supervivencia sea un testimonio útil para otra gente”.

La azafata y modelo afirma que “espiritualmente me he acercado más a Dios. Soy cristiana pero antes no era practicante. Ahora sí. También le doy más importancia a cosas que antes no valoraba tanto. Yo antes era muy fiestera, prefería salir antes que estar con mi familia. Ahora he cambiado las prioridades. La familia es primordial. Tras una experiencia como esta, una se da cuenta de quienes son los que importan y los que valen como amigos… Ahora valoro mucho más la vida. Por eso me disgusta, me hace sentir impotente que haya tanta muerte y tanta violencia a mi alrededor, que haya tantos asaltos” [días antes de la entrevista hubo en Santa Cruz de la Sierra un asalto armado a una céntrica joyería que acabó con el saldo de cinco muertos y conmocionó a toda la ciudad].

A Ximena Suárez le ha costado salir adelante y prueba de ello es que “aún estoy con terapia. Pero mis dos hijos me han dado la fuerza necesaria para afrontarlo”.

Está en contacto constante con Erwin Tumiri, el otro tripulante boliviano que sobrevivió al accidente y que fue quien la sacó del avión:

“Los dos íbamos en la parte trasera del avión, él a mi lado. Los dos nos pusimos en la posición fetal, como indican las normas. Tras el impacto había un trozo de puerta abierta y yo tenía una pieza metálica encima, creo que parte del ala. Era oscuro y escuchaba muchos gritos. Al final no entendía que fueran tan pocos los supervivientes. Escuchaba tantos gritos...

En ese rato la adrenalina me ayudó a salir de allí, de la cabina. Me quedé inmovilizada porque tenía parte del fuselaje encima, y fue Tumiri quien me lo sacó de encima para poder salir del avión. Nos alejamos como pudimos porque había un olor fuertísimo a gasolina, por eso huimos, no sabíamos si iba a estallar. Tenía cortes profundos en brazos y piernas. En uno se veía el hueso. Pensé que perdería el brazo. Me tuve que hacer un torniquete, con la ayuda de Tumiri. Pero salí de ahí, gracias a Dios”.

Ximena lleva un rosario que cuelga del pecho y dice que lo lleva desde el accidente: ”Me lo regaló el padre Miguel, que fue el que me confesó cuando estaba en el hospital en Medellín, pero me dijo que se lo había regalado el Papa Francisco en persona, así que llevo siempre este rosario del Papa... O lo llevo en el bolso, o está en mi cuello”.

Manifiesta Ximena su deseo de poder seguir con sui carrera de modelo, luego volver a ser tripulante, y “aspiro a lograr ser instructora de vuelo. Otra meta es dar charlas a personas que hayan pasado por situaciones de accidentes o de pérdidas, cuando creen que el mundo se acaba y se deprimen por pequeñas cosas que parecen inmensas, quiero ayudar a la gente a salir adelante”.

Termina la entrevista explicando que ha contactado con los familiares de los otros tripulantes que fallecieron en el accidente y asegura que “fue durísimo hablar con ellos. No solo hablar, sino verlos. Quedé con ellos, quería hacerlo. Había que hacerlo”.

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