Kevin Vost, filósofo, vivió sin Dios durante 25 años, con Nietzsche, Russell, Ayn Rand... hasta que leyó a Tomás de Aquino y se convirtió

* «Santo Tomás me permitió dar el salto de fe sin saltar fuera de la razón. Él también admiraba a los griegos y conocía a Aristóteles tremendamente bien. Nadie como él integró la lógica y la filosofía racional con la revelación cristiana como su obra maestra, la Summa Teologica. La fe no contradice la razón, sino que nos lleva más lejos y más alto de lo que permite la razón, sirviendo, como decía San Juan Pablo II en Fides et Ratio, como las dos alas que nos elevan a la verdad»

10 de octubre de 2017.- (P.J. Ginés Religión en Libertad / Camino CatólicoKevin Vost (www.drvost.com) es un norteamericano, doctor en psicología y apasionado de la filosofía, que desde niño admiró la cultura griega y su doble enfoque de crecer plenamente en cuerpo y espíritu, en gimnasia y en filosofía. De niño admiraba al musculoso Superman. Y pronto admiró, aún de muchacho, a Aristóteles, el filósofo griego. Quería el cuerpo de uno y la mente de otro. Quería una plenitud humana, el ideal griego que leía en los mitos y héroes antiguos. 

Aunque su familia era católica, iban a misa y estudió en un colegio de religiosas cariñosas y atentas, nunca profundizó mucho en su fe. Tenía algunos amigos pentecostales con fe fuerte, pero no amigos católicos firmes. 

Hacia los 18 años se volcó en leer los filósofos anticlericales: Voltaire, Nietzsche ("con su propio supermán, su superhombre"), Bertrand Russell y especialmente Ayn Rand, con su filosofía de "objetivismo" que ella dice que deriva del pensamiento aristotélico. Todos consideraban a Dios "innecesario y no razonable". Y Kevin Vost aceptó ese discurso y decidió que su dios sería "la razón". Y, al mismo tiempo, se volcó en cultivar su cuerpo, haciendo musculación y levantamiento de pesos.

Deseo de creer... sin dejar de pensar

Unos veinte años después, al ir criando a sus propios hijos, recordó su infancia católica y deseó "algo" de eso. Enviaba a sus hijos a escuelas católicas y se decía que su admirado Thomas Jefferson (que era vagamente deísta) había enviado a sus hijas a estudiar a Francia con los jesuitas. 

"Personalmente, deseaba profundamente poder creer, pero no podía, en buena conciencia, fingir que creía lo que no creía. Recuerdo que leía al filósofo Mortimer Adler, su libro "Como pensar acerca de Dios dos veces", esperando que me permitiera seguir esa senda, pero no me acercó a casa".

Con Tomás de Aquino todo cambió

Entonces, ya con 43 años, con una carrera como psicólogo, descubrió los textos de Santo Tomás de Aquino. Kevin era un apasionado de Aristóteles, y Tomás había comentado a Arsitóteles casi frase a frase. 

"Cuando descubrí los escritos de primera mano de Santo Tomás de Aquino, descubrí que los modernos filósofos que había estado siguiendo eran niños de colegio comparados con el viejo Santo Tomás. Él me enseñó que la fe y la razón no tienen por qué oponerse, y que una persona que piensa puede ser también una persona que  cree. ¡Qué liberación! Él era un verdadero Superman de la Mente que amaba a Dios con todo su corazón y alma", explica en su testimonio en CHNetwork.

Más adelante descubrió el texto de 1879 del Papa León XIII (Aeterni Patris) recomendando los textos de Santo Tomás para "aquellos que dicen tener a la razón como sola dueña y guía".

"Santo Tomás me permitió dar el salto de fe sin saltar fuera de la razón. Él también admiraba a los griegos y conocía a Aristóteles tremendamente bien", explica Vost entusiasmado. "Nadie como él integró la lógica y la filosofía racional con la revelación cristiana como su obra maestra, la Summa Teologica", añade.

"La fe no contradice la razón, sino que nos lleva más lejos y más alto de lo que permite la razón, sirviendo, como decía San Juan Pablo II en Fides et Ratio, como las dos alas que nos elevan a la verdad".

Misa, Biblia, Chesterton, Lewis, Agustín...

Y leyendo a Santo Tomás, Vost comenzó a ir a misa como en su infancia. Se volcó en leer el Nuevo Testamento y todo lo que encontró de Santo Tomás, San Agustín, G.K.Chesterton, C.S.Lewis y otros. Veía el canal católico de la madre Angélica, EWTN, y su programa de conversos, The Journey Home, cada lunes, como un ritual. Con su familia acudió en 2005 a Roma a los funerales de Juan Pablo II, un papa filósofo y poeta. 

Aunque ha visto desde entonces que algunas personas más bien intelectuales han recuperado la fe leyendo a Santo Tomás, está convencido que hoy el problema no son los filósofos ateos clásicos como Voltaire, Sartre o Nietzsche o Bertrand Russell. El problema, dice, son los bulos de novelas y películas de gama baja como "El Código Da Vinci" y otras similares.

"Jesús y María Magdalena tuvieron hijos, un linaje oculto"; "fue el emperador Constantino quien se inventó que Jesús era Dios hacia el año 300", "la iglesia ha escondido los evangelios gnósticos con el verdadero cristianismo"...bulos que se han hecho populares en estas novelas. 

Divulgar a Santo Tomás, muy comprensible

Vost se ha convertido en un divulgador de la fe y de la filosofía. Refuta esos bulos y facilita que las ideas de Santo Tomás se divulguen, con libritos muy legibles y sencillos sobre las virtudes, los siete pecados capitales, los dones del Espíritu Santo, etc... 

"Me parece que la amenaza más grave hoy contra el cristianismo no es tanto la exposición a filósofos sin Dios sino la falta de conocimientos de la historia de nuestra fe, un conocimiento víctima de distorsiones populares", señala. 

Como conclusión, añade que "Santo Tomás de Aquino, el filósofo de Dios, me salvó de los filósofos sin Dios aplicando un remedio hecho de fe y de razón. Me siento genial y doy gracias a Dios desde entonces”.

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