El Papa ordena sacerdote en Bangladesh a Josim Murmu, muchacho pobre de 30 años, que se bautizó y luego su poblado de 800 personas lo imitó

* «Jesucristo vino por mí. Él es mi amigo, mi Dios, mi Creador. Cuando Él vino a este mundo, enseñó a la gente, predicó a las personas. Él ha dado su vida por mí. Y ha venido a la tierra y me ha salvado de mis pecados, ha muerto para salvarme del pecado… Iré a testimoniar a Cristo, a predicar el Evangelio teniendo un respeto por la fe de cada cual, sea éste budista o musulmán, llevaré la Buena Noticia y seguiré el ejemplo del Papa Francisco de trabajar por los seres humanos. Serviré a mi pueblo en la parroquia del Sagrado Corazón en Suihari… Amaré a mi gente, a los pobres e inválidos, a cristianos y a musulmanes»

4 de diciembre de 2017.-  (ACF / Asia News / Camino Católico) El viernes 1 de diciembre, a sus 30 años, Josim Murmu, de familia pobre tribal en Bangladesh, ha sido ordenado sacerdote católico por el Papa Francisco. Méritos (o quizá gracias de Dios) no le faltan y superan los de muchos misioneros: en cuatro años de evangelizador novato logró que se hiciera católico todo su pueblo, Pollibut, unas 800 personas. Era un pueblo de religión tribal animista, con elementos hindúes. Josim ni siquiera era sacerdote. Ni de familia influyente: su padre es campesino, su madre cuida el hogar, con 4 hijos varones y tres mujeres.

Bangladesh tiene unos 163 millones de habitantes, de los que 9 de cada 10 son musulmanes, pero eso aún deja espacio para unos 15 millones de hindúes y una cantidad indeterminada de personas con religiones animistas tribales mezcladas con rasgos hindúes. En la diócesis de Dinajpur hay muchos lugares así, comunidades sin musulmanes apenas. 

Josim Murmu será el primer sacerdote de su pueblo, situado en el norte de Bangladesh, un lugar donde el 100% de la población está constituida por tribales. Y no sólo eso, puesto que su ejemplo de testimonio cristiano ha llevado a la conversión, primero, de su familia, y luego de la comunidad entera, formada por 800 habitantes. Él es uno de los 16 diáconos que han sido ordenados sacerdotes por el Papa Francisco que este primero de diciembre, durante la misa que se ha celebrado en el Suhrawardy Udyan Park de Daca y a la que han asistido 100.000 personas. Para Josim, las personas más importantes son su familia y sobre todo, su padre enfermo. “A él le cuesta mucho caminar, pero igualmente vendrá. No puede faltar en el día más importante de mi vida”, cuenta.

El diácono, de 30 años de edad, proviene de la localidad de Pollibut, en la diócesis de Dinajpur. Su familia es pobre, el padre es campesino, y la madre se dedica al hogar y los siete hijos (4 varones y 3 mujeres). En el pueblo donde él vive, todos los habitantes eran tribales animistas con influencias de la religión hindú.  

Al hablar de su vocación sacerdotal, él refiere que el encuentro con Cristo se dio cuando él era pequeño, a través del P. Gerome, un sacerdote franciscano. “Un día vino a verme y me dijo: ‘Josim, vamos a enseñar a esas personas’. Yo fui con él. Luego de seguirlo durante un tiempo, nació un deseo: ser como él”. El joven le preguntó al sacerdote cómo podía volverse cristiano, pero la respuesta lo sorprendió:“Lo primero que debes hacer es aprender”.

Luego de un período de preparación y oración, Josim le confiesa a la familia que quiere ser bautizado. Y la familia lo sorprende todavía más: “Ellos estuvieron de acuerdo conmigo, aceptaron mi decisión. Y me dijeron que ellos también querían volverse cristianos. Así que toda mi familia se convirtió”.

Otro episodio fundamental de su vocación fue el diálogo con otro cura. “Él me llamó aparte y me dijo: ‘Josim, tú tienes un fuego que arde dentro de ti. No lo apagues’. El fuego que ardía era Cristo”.

En tanto, el joven completa los estudios universitarios de primer nivel (Bachelor of Arts) y decide entrar al seminario de Dinajpur. “Mi deseo era volverme sacerdote, enseñar a las personas, trabajar por ellos, predicar la Buena Noticia, que es Dios”.

Su ejemplo de vida es tan potente, su actitud provoca tanta fascinación, que en cuatro años todo el pueblo de tribales se convierte y es bautizado. “Pero al principio no nos aceptaban –recuerda- estaban en contra de nosotros y no querían ayudarnos. Eran distintos, tenían muchas tradiciones de la religión hindú, como la adoración de los dioses y las ofrendas a las divinidades. A pesar de ser pobres, donaban lo que tenían. Yo no sabía qué hacer, así que acudí a mi guía espiritual. Y él me dijo: ‘No te preocupes. Vive tu vida, sigue tu decisión hasta el fondo. Ellos entenderán, y poco a poco, también cambiarán su vida”.

“Jesucristo vino por mí–continúa el diácono-. Él es mi amigo, mi Dios, mi Creador. Cuando Él vino a este mundo, enseñó a la gente, predicó a las personas. Él ha dado su vida por mí. Y ha venido a la tierra y me ha salvado de mis pecados, ha muerto para salvarme del pecado”. Y luego de la ordenación, Josim seguirá su ejemplo. “Iré a testimoniar a Cristo, a predicar el Evangelio”. No lo hará  a los gritos. “Teniendo un respeto por la fe de cada cual, sea éste budista o musulmán, llevaré la Buena Noticia y seguiré el ejemplo del Papa Francisco de trabajar por los seres humanos. Serviré a mi pueblo en la parroquia del Sagrado Corazón en Suihari, donde seré asistente del párroco, el Pbro. Gian Battista Zanchi [del PIME, ndr]. Amaré a mi gente, a los pobres e inválidos, a cristianos y a musulmanes”.

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