Jeff Gardner, experto en historia medieval, periodista y fotógrafo, era mormón en su infancia, ateo militante después, estudió la Peste Negra y soñó con Francisco de Asís que lo hizo católico

* «En el sueño, el hombre cayó al suelo, como cae alguien que ves que no está bien, como ves a veces en los deportes. Me impactó que no tenía zapatos, con pies completamente negros de vagabundear por las calles. Y cuando yo pasaba de largo, se me apareció San Francisco de Asís. Y no era como en los frescos de Asís: estaba sucio, ensangrentado, como Cristo. Y me dio un mensaje muy poderoso, personal, sin decir palabras... es difícil de explicar. Me dijo: 'recuerda, Dios creó el mundo para proteger a los sencillos y atormentar a los arrogantes'. Y en ese momento supe cuál de los dos era yo y cuál era ese hombre. Y sentí una tremenda vergüenza porque no me paré a ayudar a ese hombre. Y cuando desperté recordé que era para ir a la Biblioteca, una razón muy mala. "Recordé de golpe todo lo de los últimos años: Avignon, los franciscanos, mis amigos, los Evangelios... Y me levanté diciéndome: 'que me bauticen, ya estoy listo'»

14 de enero de 2018.- (P.J. Ginés / Religión en Libertad / Camino Católico) Jeff Gardner ha sido profesor universitario de Historia Medieval, periodista y escritor, productor de radio y actualmente responsable del proyecto Picture Christians sobre cristianos perseguidos en Oriente. Pero su historia de fe ha sido muy compleja: una infancia con los mormones y una juventud atea militante y desafiante, dieron paso a un titubeante respeto por los medievales... y un sueño especial, una visión en la que le hablaba San Francisco de Asís, que cambió su vida. 

Una infancia en ambiente 100% mormón

Nació en Salt Lake City, la capital de Utah, el estado de los mormones en Estados Unidos, en una familia mormona. Era una familia trabajadora más bien pobre, "no había mucho para comer ni mucho para vestir", recuerda. Pero fue una infancia feliz hasta los 9 años. En su casa eran 4 hermanos, pero la mayoría de las familias mormonas del barrio tenían entre 5 y 8 hijos y había gran sensación de comunidad. "Los niños íbamos de una casa a otra todo el rato", recuerda. 

Toda la vida infantil y juvenil estaba muy enraizada en la iglesia mormona que contaba con boy scouts, campamentos de verano y mil actividades más. "Daba un sentido de identidad y pertenencia muy fuerte, algo muy importante para un varón joven". Había oración en la escuela al empezar cada día, y también en las actividades deportivas. "Adquirí una gran reverencia por Dios".

Gardner explica que en el mormonismo hay "una dosis alta de gnosticismo, es decir, hay enseñanzas que no se revelan a todos los miembros, hasta ciertas edades, o ciertas personas con recomendaciones específicas". No se hablaba mucho de quién era Jesucristo, se dedicaba más atención a Joseph Smith, el "profeta" fundador del mormonismo en el siglo XIX. 

La familia se rompe y se aleja del mormonismo

Cuando Gardner tenía unos 9 o 10 años llegó la ruptura a su familia. Su padre, en ocasiones, bebía mucho, y al beber se ponía muy violento con su madre. Ella, pensando en proteger el hogar, logró que él se fuese de casa. Pero después, aún sin tener el divorcio, ella empezó una relación sentimental con otro hombre con un hombre negro y tuvieron una niña. "Para la comunidad mormona entonces era malo tener la relación extramarital y tener un niño fuera del matrimonio, pero hacerlo con un hombre afroamericano ya era lo peor", explica. "Éramos los amantes de "n", era como un bofetón en la cara". 

En el Libro de Mormón se presenta a los negros como descendientes de Caín, son negros como castigo por matar a Abel, explica Gardner."Hay un cierto racismo latente en el mormonismo". 

La familia no dejó del todo la iglesia mormona, pero sí los scouts, las actividades, los grupos y encuentros. Y Gardner, sintiéndose rechazado por ese entorno, lleno de emociones negativas, rechazó también a Dios. "Yo pensaba que Dios era la iglesia mormona: sin ella, no tenía a Dios".

Su padre y él, ateos militantes

De hecho, su padre, fuera del hogar, con problemas de alcohol, ira y una base por debajo de desorden de identidad sexual, cortó con todo lo religioso, se declaró ateo y se apuntó al Partido Marxista de América. "Y yo, que veía a mi padre como un modelo, también decidí ser ateo", explica Jeff

Gardner comenta en su testimonio en vídeo en CHnetwork que cuando habla con amigos mormones les señala que es una fe muy basada en el emocionalismo, que los jóvenes no logran un componente racional suficiente para su fe. "El evangelio de Mateo se lee casi como una declaración policial: a tal hora en tal sitio pasó tal cosa... los evangelistas trataban de contarte lo que había. Y esto está ausente del mormonismo".

Como ateo, Jeff Gardner declara: "Yo fui un ateo militante, el rostro del nuevo ateísmo, un ateo agresivo. Yo no decía simplemente: 'no creo'. Yo decía: 'no debe haber expresión de creencias ni en la universidad, los medios, la escuela'."

Él quería contagiar ese desprecio a la religión y la Escritura. Una vez fue a unos jóvenes que hablaban de Dios en la calle, en unas jornadas evangelizadoras, y les planteó: "¿De dónde sale la mujer de Caín?" Se creía muy ingenioso e inteligente, enganchándose a la letra del texto. "Ellos intentaban responder haciendo lo que llamo 'bibliomancia', como si la Biblia físicamente tuviera respuestas para todo".

Pero la realidad, señala Gardner, es que su ateísmo estaba construido sobre dos bases: una gran herida emocional y una gran ignorancia sobre la fe cristiana y su base racional.

Estudios medievales: los franciscanos y la peste negra

En la universidad, dice, "me hice un ateo aún más endurecido, mezquino". De hecho, muchos de sus profesores eran también ateos militantes, materialistas dogmáticos convencidos de ser muy ilustrados.

Pero fue durante su etapa universitaria cuando llegó para estudiar unos meses a Aviñón, en Francia. Allí le impresionó estudiar la historia de esta ciudad durante la Peste Negra de 1347. Aviñón era en esa época sede papal y los cronistas describieron con detalle el ambiente de muerte de la ciudad.

A Gardner le fascinó estudiar ese momento: toda una ciudad que veía caer y morir rápidamente a sus vecinos, la sensación de que cualquiera podía caer en cualquier momento... y que así iba a suceder.

Los ricos, y cualquiera que podía, abandonaba la ciudad, quedarse era contagiarse y morir. "Excepto los franciscanos, hombres y mujeres de Dios, que se quedaron a cuidar a los enfermos y enterrar a los muertes. Yo lo leía y me preguntaba: '¿quién amaría tanto a unos desconocidos para dar su vida por ellos?' Claro, la respuesta obvia sería Jesucristo, pero los mormones desenfatizaban a Cristo, y como ateo estaba fuera de mi perspectiva. Yo veía ese comportamiento altruista y me hacía pensar".

Años de estudios y oración

Decidió centrarse más en estudios medievales y conoció un profesor medievalista católico, padre de un sacerdote, que para explicar la Historia de Occidente lo hacía desde la explicación de la Historia de la Iglesia.

Y él, como estudioso de la Edad Media, tenía que releer los evangelios. Y los comentaba, de vez en cuando, con sus amigos ateos y sus amigos católicos estudiantes, y otros profesores jóvenes.

Podía preguntar a sus amigos ateos "¿cuál de los 4 evangelios crees que señala mejor los fallos del cristianismo?" Y ninguno le respondía porque, en realidad, ni los habían leído. Por el contrario, los compañeros católicos que estudiaban historia buscaban respuestas y se las daban. Además, estos amigos rezaban por él, aunque él no lo sabía. Los amigos a veces le proponían lecturas e ideas. Una colega rezó el rosario mucho por él, e incluso se lo regaló más tarde: era el rosario que ella recibió en su confirmación. Esas y otras oraciones darían frutos años después.

En la universidad estudiaba, con paleografía y con filología, los textos medievales. Y se preguntaba: "¿y por qué no hago eso con los Evangelios?"

Pasaron los años. Durante algunos años estudió en bibliotecas de París y Florencia y visitó ciudades medievales como Asís, ya como investigador y profesor ayudante. Investigó algo sobre los franciscanos, ya que habían capturado su atención por su actividad en Avignon.

El día que soñó con San Francisco de Asís

Cuando vivía en París, casi 20 años después de su estancia en Avignon, quedó dormido un rato poco antes de una clase que tenía que impartir, cansado porque se había acostado muy tarde con unos trabajos. Y tuvo un sueño. "Me gustaría decir que fue una visión: era muy clara y ha estado conmigo muchos años".

En su sueño, él recorría, como en tantas ocasiones, el metro de París, caminando por sus túneles, hacia la Biblioteca Nacional. Era muy consciente de los sonidos de sus pasos, de los olores. Tenía prisa por llegar para una investigación. Entonces se fijó en un hombre, al parecer un mendigo, en un apartado. “En el sueño, el hombre cayó al suelo, como cae alguien que ves que no está bien, como ves a veces en los deportes. Me impactó que no tenía zapatos, con pies completamente negros de vagabundear por las calles".

"Y cuando yo pasaba de largo, se me apareció San Francisco de Asís. Y no era como en los frescos de Asís: estaba sucio, ensangrentado, como Cristo. Y me dio un mensaje muy poderoso, personal, sin decir palabras... es difícil de explicar. Me dijo: 'recuerda, Dios creó el mundo para proteger a los sencillos y atormentar a los arrogantes'. Y en ese momento supe cuál de los dos era yo y cuál era ese hombre. Y sentí una tremenda vergüenza porque no me paré a ayudar a ese hombre. Y cuando desperté recordé que era para ir a la Biblioteca, una razón muy mala".

"Recordé de golpe todo lo de los últimos años: Avignon, los franciscanos, mis amigos, los Evangelios... Y me levanté diciéndome: 'que me bauticen, ya estoy listo'".

Encontrar un buen ambiente católico

Luego descubrió que estudiar o desear una vida de fe, y vivir una vida de fe es muy distinto, "como leer un manual de vuelo es distinto de hacer volar tu avión".

De vuelta a Estados Unidos le contó su historia a un cura, que le respondió algo titubeante: "la Iglesia que has encontrado quizá no es como la que tenemos aquí". Los monitores de formación para adultos de aquella parroquia, exprotestantes mal catequizados, incluso le ofrecían comulgar, "cuando yo no es que no estuviese confirmado, sino que no tenía ni el bautismo trinitario; hasta yo sabía que eso estaba mal".

Más adelante llamó un sacerdote para que bendijera su casa en Kansas, y así conoció a la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (www.fssp.org/es/), unos sacerdotes tradicionalistas en plena unión con Roma, presentes en 17 países. Él le dio 10 meses de catequesis muy completa.

Tuvo que cambiar muchas cosas. "Por ejemplo, llevaba casado 8 años, y teníamos una relación contraceptiva, sin hijos, y mi esposa había estado en la Iglesia, y la había dejado, y tenía su propio proceso. Ahora tenemos 4 hijos, nos abrimos a la acción del Espíritu en nuestro matrimonio". 

Recibió el bautismo, la confirmación y la primera comunión en la Vigilia Pascual de 1999. 

Hoy, Gardner está volcado en concienciar para ayudar a los cristianos de Oriente perseguidos, a menudo sin casas y recursos, dándoles visibilidad en su web PictureChristians.org, con fotos y vídeos.  

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